Mujeres que ingieren mucha fibra sufren menos dolores menstruales

noviembre 4, 2012 by admin

Un estudio, llevado a cabo en la Universidad japonesa de Gifu, reveló que las mujeres que consumen cantidades importantes de alimentos con fibra, padecen menos los síntomas de la dismenorrea, como hinchazón abdominal, dolor en los pechos y fuertes migrañas. Los expertos nipones analizaron a 276 mujeres de entre 19 y 24 años. Luego de verificar sus hábitos alimenticios, el nivel de sedentarismo y tabaquismo que poseían, comprobaron que, independientemente de estas variantes, las que consumían una media de catorce gramos diarios de fibra, experimentaron menos dolores menstruales que aquellas que ingirieron once gramos por día.
Para los autores de esta investigación, la fibra actúa reduciendo el nivel de estrógeno en la sangre, lo cual hace que disminuyan las molestias menstruales.

Terapia de reemplazo hormonal para la menopausia

septiembre 7, 2012 by admin

Para prevenir o atenuar los inconvenientes que conlleva la menopausia, los especialistas recomiendan recurrir a la terapia de reemplazo hormonal, es decir a la ingesta regular de hormonas, que reemplazarían, en parte, la carencia orgánica que sufre el organismo. Se aconseja esta terapia sobre todo si:
Es una menopausia precoz (antes de los cuarenta y cinco años).
Es una menopausia yatrógena (provocada por el médico).
Paciente con alto riesgo de enfermedad cardiovascular.
Si hay sintomatología de menopausia.

La falta de peso causa alteraciones en la menstruación

diciembre 1, 2008 by admin

La falta de peso
Sufrir falta de peso es una causa muy común de alteraciones en la menstruación. Se define por el hecho de tener menos de un 22 por ciento de grasa en la composición del cuerpo. Una de las formas de saber si el peso corporal se encuentra dentro del margen normal en relación con la estatura consiste en calcular el índice de Masa Corporal (IMG). Hay que dividir el peso en kilogramos por la altura en centímetros al cuadrado.
Por ejemplo, si pesas 52 kilos y mides 1,70 metros, tienes que dividir el peso (52) por el cuadrado de la altura (1,70 por 1,70 da 2,89). La solución a este cálculo es 17,99. Redondeado hasta el número entero más próximo, tu IMG es de 18, lo cual te sitúa en la categoría de las personas faltas de peso.

Técnicas de control del estrés en las mujeres

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Prueba la dieta hipoglucémica del, que aliviará muchos de tus síntomas y mejorará tu capacidad para enfrentarte al estrés prolongado.
Evita los estimulantes como el café, el alcohol, el tabaco y las aventuras amorosas en las Bahamas. Adopta técnicas de control del estrés como el yoga, el ejercicio a «larga y suave distancia», cintas de audio para relajarse o la meditación. (Si te aburre la idea de meditar, sirve también cualquier cosa que te divierta o te haga sentirte relajada, y aquí es donde podría encajar ente una aventura amorosa en las Bahamas.) Si tu presupuesto no te llega para refocilarte en el trópico, prueba con las infusiones de hierbas como la manzanilla y la tila, que pueden mezclarse. La infusión de hierba luisa resulta de utilidad para las molestias de estómago debidas a la ansiedad, sobre todo combinada con la manzanilla.
Gome avena o gachas de avena; son buenas para el sistema nervioso.
Frótate las sienes con un poco de aceite esencial di ylang ylang o de lavanda para reducir la ansiedad. A algunas personas estos aceites les resultan útiles para los dolores de cabeza producidos por la tensión. También puedes probar a echar unas gotas en un quemador de aceite que flote sobre el agua, o en el baño. (Hagas k que hagas, no ingieras los aceites esenciales.) JReseue Remedy, una esencia de flores de Bach que se puede adquirir en herbolarios y en la mayoría de las tiendas de terapias naturales, sirve para aliviar la ansiedad causada por acontecimientos aislados tales como exámenes o tener que hablar en público. También puede utilizarse para los trastornos del sueño debidos las preocupaciones.

Síntomas del organismo ante el estrés en la mujer

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Síntomas
La primera reacción del organismo ante el estrés es de alarma. Los mensajes procedentes del hipotálamo estimulan el sistema nervioso, el cual a su vez estimula las glándulas adrenales para que produzcan adrenalina. Esto da lugar a un aumento de los latidos del corazón, un aumento de la producción de sudor, la contracción del bazo para devolver la sangre a la circulación, la dilatación de las pupilas y de los bronquiolos de los pulmones, y la liberación de azúcares almacenados. La digestión y la producción de orina se hacen más lentas.
Esta reacción es el «mecanismo de lucha o huye», y se recurría mucho más a él cuando era algo corriente verse obligada a aguantarle cuatro asaltos a un mamut lanudo. El aumento de los latidos del corazón y la contracción del bazo hacen que haya más sangre disponible para los músculos, un chorro repentino de glucógeno proporciona energía instantánea, se ve mejor, se respira más rápido y se está más alerta.
En la actualidad, cuando nos sentimos estresados por causa de las relaciones, el trabajo o el dinero, no podemos huir dando gritos ni liarnos a porrazos con un elefante prehistórico. De manera que el sobrante de adrenalina se queda circulando por nuestro sistema y nos deja irritados o de mal humor. En épocas de estrés prolongado, como una enfermedad crónica, dolor o trauma emocional, la reacción de alarma se transforma en una reacción de resistencia. Muchos órganos se distraen de sus tareas habituales para realizar funciones especiales con el fin de hacer frente al estrés.
El organismo aumenta la excreción de potasio, precisamente cuando se necesita una ayuda adicional para el funcionamiento normal del corazón, otros músculos y el sistema nervioso.
El cuerpo soporta una enorme tensión física y necesita muchos más nutrientes de los habituales, pero el estrés nos hace perder el apetito, sufrir indigestión y no asimilar los nutrientes como es debido. La combinación de producción de hormonas y niveles íluctuantes de azúcar en la sangre crea una sensación de irritabilidad y, en ocasiones, ataques de ansiedad. Con frecuencia se dan alteraciones en el sueño y sudores nocturnos. (¡No hay que confundirlos con la menopausia!) Algunos casos de estrés resultan demasiado extremos o se prolongan durante demasiado tiempo. Ello conduce a la fase de agotamiento. Muchos órganos sufren un decaimiento, se excretan minerales a través de la orina, se debilita la respuesta inmunita-ria, no se descansa durante el sueño y a menudo éste se ve alterado por extrañas pesadillas de luchas con pulpos (o sueños afines), y una se siente todo el tiempo exhausta y acosada. Otros síntomas pueden ser encontrarse deprimida, de humor variable, ansiosa o incapaz de acordarse de nada. Algo que, por supuesto, se puede evitar.

El estrés y su efecto sobre el período

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Efectos sobre el período
El estrés puede interferir con los niveles hormonales normales. Esto puede hacer que las menstruaciones se interrumpan temporalmente, que se tengan períodos más abundantes de lo habitual, que se tengan ciclos erráticos, que se produzcan hemorragias uterinas disfuncionales (HUD) y que aumente el dolor menstrual. El estrés puede afectar a la fertilidad, al hacer que la ovulación se interrumpa temporalmente o al alterar el ciclo.
Con el estrés puede empeorar el SPM. Algunos investigadores incluso opinan que la mayoría de las mujeres tienen algún que otro síntoma premenstrual, pero que las que sufren ansiedad y estrés desarrollan un SPM más acentuado porque son excepcional-mente sensibles a las fluctuaciones hormonales y les resulta más difícil hacerles frente.
El estrés aumenta la percepción del dolor y anula nuestra capacidad para enfrentarnos a él. Puede causar cambios en las hormonas producidas por el hipotálamo y la pituitaria que regulan el ciclo menstrual. Algunas personas sufren un dolor menstrual más intenso cuando están estresadas, y en algunas adolescentes se ha relacionado con el estrés ocasionado por tensiones familiares, por sentimientos de culpa acerca del sexo o por el hecho de que las han llevado a creer que la regla es algo sucio y que constituye un problema.
Lo bueno es que la etapa estresante suele tener un fin y los períodos vuelven a la normalidad.

Factores que pueden incidir en tu menstruación

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Son muchos los factores que pueden incidir en tu menstruación y en otras funciones del ciclo hormonal: estar estresada, pesar menos de lo que deberías, hacer régimen, ayunar, las deficiencias de minerales y diversos fármacos, tanto los recetados como los que no lo han sido.
Si las cosas van mal, a lo mejor te gustaría investigar antes de nada las posibilidades más obvias. Estos «sospechosos habituales» a menudo resultan mucho más fáciles de solucionar que las otras enfermedades y desórdenes del sistema reproductivo que pueden causar síntomas parecidos en tu menstruación.
El estrés
Se entiende por estrés todo suceso o serie de sucesos, ya sean físicos o emocionales, en la vida de una persona que dan lugar abios fisiológicos y bioquímicos. Entre dichos sucesos o sentimientos, que pueden ser felices o desagradables, pueden encontrarse los exámenes, los viajes, mudarse de casa, problemas en las relaciones, casarse, separarse, sufrir una enfermedad grave o hacer ejercicio físico extremo.

Cuando acudir al medido por los problemas menstruales

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¿Cómo saber si algo es anómalo? Si tu horóscopo dice que el martes va a devorarte un calamar gigante, el perro se come de verdad tus deberes del colegio o al llegar al trabajo descubres que has sido sustituida por un robot que funciona con zumo de remolacha, y Hollywood lanza a la fama a una actriz tan delgada como una brizna de hierba, entonces sí hay ciertos indicios de que pasa algo raro.
Respecto al tema de las menstruaciones y problemas afines, si te ves reflejada en alguno de los problemas que se enumeran en la lista siguiente, echa a correr y acude al médico. Guando tengas un diagnóstico, podrás leer la información relacionada con él en este libro, y obtener un tratamiento de un médico o de un terapeuta naturista.
Acudir al medido
• No hay rastro del primer período al cumplir los 17 años.
• Tu menstruación lleva más de un par de meses interrumpida.
• Has constatado algún cambio repentino —o una serie de ellos— en tu ciclo menstrual. Por ejemplo, antes eras regular como un reloj y ahora muestras desajustes, o antes tenías un período realmente ligero y ahora estás pensando si no deberías comprar tampones al por mayor (un período anormalmente abundante significa que de repente te ves obligada a cambiarte de compresa o de tampón cada dos horas) o experimentas un dolor nuevo y no habitual en relación con la regla.
• Sufres dolor excesivo durante o antes del período. (Por dolor excesivo has de entender que el grado de dolor interfiere con tu vida o le pone limitaciones; por ejemplo, tener que tumbarte con una bolsa de agua caliente en vez de irte a bailar.)
• Tienes períodos anormalmente largos, es decir, de más de siete días cuando antes no te duraban tanto.
• Sangras entre un período y otro (lo que suele denominarse «pérdidas» o «manchar») aunque sea muy poco.
• Tienes un flujo vaginal amarillento o que desprende olor, o bien picores o molestias vaginales.
Todos los desajustes importantes relacionados con la menstruación se recogen en este libro. Lee el apartado de aquel que creas que podrías padecer o quizás ya te han diagnosticado.





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