Institutos para cuidados estéticos
Para ayudar a esta superación, vamos a esquematizar brevemente los tratamientos más corrientes que se pueden realizar en un instituto y pueden mejorar nuestra belleza facial. En artículos aparte nos referiremos a los cuidados estéticos aplicables al cuerpo que, como veremos en su momento, cada día son más variados, efectivos y, lo que es muy importante, están apoyados en una base cada vez más científica.
Pensamos que para iniciar esta orientación hemos de contestar antes que nada a la siguiente pregunta: ¿qué es en realidad un instituto de belleza?
Pues, sencillamente, un centro profesional en el que una o varias esteticistas, conscientes de su labor y partiendo de una preparación seria y profunda, imparten los tratamientos estéticos que cada persona precisa o solicita y lo hacen con un criterio honrado y responsable, que no promete “milagros” ni se somete a aquellos requerimientos que la posible paciente le exprese, caso de no considerarlos adecuados a su necesidad individual. Para secundar la labor técnica de la esteticista existen varios aparatos con unas características funcionales determinadas, de las que, también en su momento, haremos el oportuno esbozo.
Posiblemente esta descripción pueda parecer, a primera vista, como excesivamente optimista y hasta ligeramente utópica. Pues,de verdad que no lo es.
Sabemos que, por desgracia, existen todavía lo que podríamos calificar como “seudoinstitutos”, cabinas “pirata” en las que rige más el criterio descaradamente comercial, o en ocasiones empírico, que el de una verdadera profesionalidad, tan competente y responsable como otra cualquiera.
Pero son una minoría y, gracias a la labor de divulgación que sobre esta profesión se viene realizando de un tiempo a esta parte, y gracias a los efectivos resultados que obtienen los centros que funcionan “como deben funcionar”, van desapareciendo por inanición estos seudoinstitutos. Son residuos de un ayer en el que los cuidados estéticos estaban considerados como una especie de pasatiempo para señoras adineradas que se aburrían y se dejaban impresionar por personas carentes de verdadera formación que, unas veces de buena fe, y otras con evidente falta de escrúpulos, se movían en un terreno que en realidad les era desconocido.


